La violencia de género en contextos de conflicto armado ha alcanzado niveles alarmantes en la actualidad. Las cifras son desgarradoras: más de 676 millones de mujeres y niñas viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto letal, lo que representa el porcentaje más alto desde la década de 1990. Esta situación se agrava con el aumento de la violencia sexual, que ha crecido un 87% en los últimos dos años. La guerra no solo se libra en el campo de batalla; se extiende a la vida cotidiana de las mujeres, quienes enfrentan un doble desafío: la violencia del conflicto y la falta de acceso a servicios básicos.
La realidad es que, a pesar de que la narrativa predominante en los conflictos suele centrarse en las muertes de hombres, las mujeres y las niñas también son víctimas fatales. La violencia que sufren no se limita a la violencia física; incluye la privación de derechos fundamentales como el acceso a la salud reproductiva y la alimentación. En este contexto, los recursos destinados a la ayuda humanitaria han disminuido drásticamente, lo que ha llevado a muchas organizaciones que trabajan en estas áreas a cerrar o reducir sus operaciones.
### La Reducción de la Ayuda Humanitaria y su Impacto
La reducción de la ayuda humanitaria es un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años. Con el aumento del gasto militar, que superó los 2.700 millones de dólares en 2024, las organizaciones que apoyan a mujeres en zonas de conflicto han recibido solo el 0,4% de la ayuda internacional. Esta situación ha llevado a un impacto inmediato en las operaciones de estas organizaciones, muchas de las cuales han visto sus recursos severamente limitados. Una encuesta realizada por ONU Mujeres reveló que el 90% de los grupos locales dirigidos por mujeres en situaciones de crisis han visto afectadas sus operaciones económicas, y casi la mitad prevé cerrar en un plazo de seis meses.
La falta de financiamiento no solo afecta a las organizaciones, sino que también tiene un efecto devastador en las mujeres que dependen de sus servicios. La privación de acceso a atención médica, alimentos y apoyo psicológico se traduce en un aumento de las muertes maternas y en un deterioro general de la salud de las mujeres en estas regiones. En 29 países afectados por crisis, casi el 60% de las muertes maternas se producen, lo que convierte la situación en una cuestión de vida o muerte para muchas.
Además, la obstrucción de la ayuda humanitaria se ha convertido en una táctica común en los conflictos actuales. Los bombardeos de hospitales y centros de salud, especialmente aquellos que atienden a mujeres y niños, son cada vez más frecuentes. Esta estrategia no solo busca desestabilizar a la población civil, sino que también refleja un desprecio alarmante por el derecho internacional humanitario.
### La Invisibilidad de las Mujeres en los Procesos de Paz
A pesar de ser las más afectadas por los conflictos, las mujeres siguen estando subrepresentadas en los procesos de toma de decisiones y en las negociaciones de paz. En 2024, se reportó que el 90% de los procesos de paz no contaban con la participación de mujeres negociadoras, y estas solo representaban el 7% de los negociadores y el 14% de los mediadores a nivel mundial. Esta falta de representación no solo es injusta, sino que también perpetúa un ciclo de violencia y exclusión.
La coordinadora de recaudación de fondos de la organización Women of the Sun, Marwa Hammad, enfatiza la necesidad de incluir a mujeres y representantes de organizaciones civiles en las mesas de negociación. Ella sostiene que es fundamental escuchar las voces de quienes realmente sufren las consecuencias de la guerra. «Queremos una paz que provenga de la gente que sufre, de las que pagamos el precio de la guerra», afirma Hammad.
La exclusión de las mujeres de los procesos de paz no solo es un problema de representación, sino que también limita la posibilidad de alcanzar una paz duradera. Las mujeres aportan perspectivas únicas y soluciones innovadoras que son esenciales para abordar las causas subyacentes de los conflictos. Sin su participación, es probable que los acuerdos de paz sean ineficaces y que la violencia persista.
La situación actual es un llamado urgente a la acción. La comunidad internacional debe reconocer la importancia de abordar la violencia de género en conflictos armados y garantizar que las mujeres tengan acceso a los recursos y la representación que necesitan. La paz no puede ser alcanzada sin la inclusión de todas las voces, especialmente aquellas que han sido históricamente marginadas. La lucha por la igualdad de género y la justicia en tiempos de guerra es una responsabilidad compartida que requiere un compromiso colectivo para cambiar la narrativa y construir un futuro más seguro para todas las mujeres y niñas en el mundo.
