La situación de los migrantes en Mauritania ha alcanzado niveles alarmantes, según un reciente informe de una reconocida organización de derechos humanos. Este documento detalla las violaciones sistemáticas de los derechos de los migrantes y solicitantes de asilo, que han sido objeto de abusos por parte de las fuerzas de seguridad del país. A pesar de la disminución en el número de llegadas a las costas canarias, el costo humano de esta represión es inaceptable y plantea serias preguntas sobre la responsabilidad de la comunidad internacional, especialmente de la Unión Europea y España.
**Violaciones de Derechos Humanos en el Control Fronterizo**
El informe revela que los migrantes en Mauritania enfrentan arrestos masivos, detenciones prolongadas sin acceso a alimentos adecuados y condiciones inhumanas en los centros de detención. Un caso impactante es el de un hombre camerunés que pasó una semana sin comida, obligado a orinar en un cubo debido a la falta de acceso a baños. Este tipo de abusos no son incidentes aislados; el informe documenta un patrón de violaciones que incluye torturas, acoso sexual y extorsión por parte de las autoridades mauritanas.
Desde 2020 hasta principios de 2025, se han registrado numerosas quejas sobre el trato a los migrantes, con testimonios de 223 personas que han sufrido en carne propia estas atrocidades. Las fuerzas de seguridad han sido acusadas de actuar con impunidad, atacando a individuos basándose en su apariencia o en suposiciones sobre su estatus migratorio. Este clima de miedo y represión ha llevado a una disminución del 46% en las llegadas de migrantes desde Mauritania a las Islas Canarias en lo que va del año, un descenso que se ha logrado a costa de graves violaciones de derechos humanos.
**El Papel de la Unión Europea y España en la Crisis Migratoria**
La respuesta de la Unión Europea y España a la crisis migratoria ha sido la externalización del control fronterizo, una estrategia que ha sido criticada por su falta de consideración hacia los derechos humanos. A pesar de las evidencias de abusos en Mauritania, la UE ha continuado proporcionando apoyo financiero al gobierno mauritano. En marzo de 2024, Bruselas se comprometió a destinar 210 millones de euros para mejorar el control fronterizo, mientras que España prometió otros 300 millones para proyectos de cooperación. Esta inversión ha permitido a las autoridades mauritanas intensificar su represión contra los migrantes, lo que plantea serias dudas sobre la ética de estas políticas.
El informe de derechos humanos destaca que, al financiar y colaborar con las fuerzas mauritanas sin implementar salvaguardias adecuadas, la UE y España comparten la responsabilidad de los abusos cometidos. La reapertura de centros de detención, financiados por la UE, está programada para este año, lo que sugiere que la situación podría empeorar aún más para los migrantes que son interceptados o rescatados en el mar.
Las autoridades mauritanas han utilizado tácticas de represión que incluyen la detención arbitraria de migrantes y solicitantes de asilo, así como la confiscación de dinero y pertenencias. Estos actos no solo son violaciones de derechos humanos, sino que también reflejan un enfoque punitivo hacia la migración que ignora las causas subyacentes que impulsan a las personas a abandonar sus hogares en busca de una vida mejor.
**Impacto en la Vida de los Migrantes**
La vida de los migrantes en Mauritania se ha vuelto insostenible. Muchos de ellos son víctimas de un sistema que los ve como criminales en lugar de seres humanos en busca de protección. Las condiciones en los centros de detención son deplorables, y los testimonios de quienes han pasado por estas instalaciones son desgarradores. La falta de alimentos, atención médica y condiciones de higiene adecuadas son solo algunas de las dificultades que enfrentan.
El informe también menciona que, en algunos casos, las fuerzas de seguridad españolas han estado presentes durante las detenciones abusivas, lo que añade una capa de complicidad a la situación. La falta de rendición de cuentas y la impunidad de las fuerzas de seguridad mauritanas son preocupantes, y la comunidad internacional debe actuar para garantizar que se respeten los derechos de los migrantes.
La crisis migratoria en Mauritania es un recordatorio de que las políticas de control fronterizo deben ser revisadas y reformadas. La protección de los derechos humanos debe ser una prioridad, y las naciones que financian estas operaciones deben ser responsables de los abusos que se cometen en su nombre. La migración es un fenómeno complejo que requiere soluciones humanas y sostenibles, no medidas represivas que solo perpetúan el sufrimiento de los más vulnerables.