Las fuerzas militares danesas están llevando a cabo un ejercicio con cientos de soldados de varios países miembros de la OTAN en el océano Ártico, un contexto que se vuelve cada vez más relevante ante las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia. Desde su primer mandato, Trump ha mostrado un interés particular por esta isla, que considera estratégica para su visión de dominación en el hemisferio occidental. La situación se ha intensificado tras el asalto y detención de Nicolás Maduro en Venezuela, lo que ha llevado a Trump a poner nuevamente su mirada en Groenlandia, clamando que Estados Unidos debe incorporarla a su territorio, ya sea por compra o incluso mediante el uso de la fuerza.
La Casa Blanca ha confirmado que Trump está discutiendo diversas opciones para adquirir Groenlandia, incluyendo la posibilidad de una intervención militar. Este enfoque ha generado preocupación en Dinamarca, que recuerda a Washington que ambos países son aliados dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido sobre las graves consecuencias que tendría una agresión entre países de la OTAN, afirmando que tal acción podría llevar al colapso de la alianza. Por su parte, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, ha sido contundente en su rechazo a las fantasías de anexión, pidiendo que se detengan tales especulaciones.
La tensión en torno a Groenlandia plantea un dilema existencial para la OTAN, especialmente en lo que respecta a la credibilidad del Artículo 5, que establece que los miembros se comprometen a protegerse mutuamente ante ataques armados. La posibilidad de que un país de la OTAN ataque a otro es un escenario que no se contempla dentro de la alianza. Si se cruzara esa línea, la OTAN podría perder su sentido como pacto de defensa colectiva. Según el investigador Héctor Sánchez Margalef, si se consumara una agresión militar y una anexión, el Artículo 5 perdería su relevancia, ya que no habría un agresor externo contra el cual invocarlo.
Estados Unidos ya tiene acceso militar a Groenlandia a través de su alianza con Dinamarca, lo que plantea dudas sobre los beneficios de una posible anexión frente a los costos políticos que ello conllevaría. Algunos miembros del partido republicano han comenzado a cuestionar la sabiduría de un enfrentamiento de tal magnitud con sus aliados. En este contexto, la base espacial Pituffik, la más septentrional de Estados Unidos, juega un papel crucial, albergando a alrededor de 600 personas, incluidas 150 militares, que se encargan de funciones de alerta temprana y defensa antimisiles.
La postura de Trump hacia la OTAN ha sido históricamente crítica. El presidente ha calificado a la organización como un grupo de países «gorrones» y ha insinuado que la aplicación del Artículo 5 podría depender de las contribuciones financieras de cada nación. Esta actitud ha llevado a algunos analistas a concluir que un ataque a Groenlandia podría significar el fin de la OTAN, mientras que la falta de acción podría debilitar la capacidad de disuasión de la alianza frente a amenazas como Rusia.
Francia, por su parte, está trabajando con sus socios europeos en un plan para responder a las amenazas de Trump sobre Groenlandia. El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, ha indicado que se compartirá este plan con Alemania y Polonia. La estrategia podría incluir un enfoque de «apaciguamiento», donde Europa buscaría negociar con Estados Unidos y abordar las preocupaciones de Trump sobre la seguridad en Groenlandia frente a la influencia de China y Rusia. Esto podría implicar una revisión conjunta de la estrategia de seguridad de la OTAN, con un enfoque especial en Groenlandia y el Ártico, así como un refuerzo de la presencia militar danesa en la isla.
La analista Iben Tybjaerg ha propuesto varios pasos para evitar un choque entre Estados Unidos y Dinamarca. Uno de ellos es negociar un acuerdo de «recursos por seguridad», donde Dinamarca y Europa financiarían la explotación de tierras raras a cambio de una mayor presencia militar estadounidense en Groenlandia. También se sugiere vetar a empresas rusas y chinas en la isla y poner a Groenlandia en el centro de la agenda de la OTAN y la estrategia europea. Esto implicaría una actualización urgente de la estrategia de la UE en el Ártico, enfocándose en la inversión sostenible y la defensa de materias primas críticas.
Sin embargo, si las negociaciones no prosperan, Dinamarca ya considera a Estados Unidos un posible riesgo de seguridad. Aunque una acción militar directa parece improbable, la coerción podría manifestarse de otras formas, como aranceles, restricciones de armas o bloqueos de inteligencia. Esto podría llevar a una parálisis interna de la OTAN, lo que sería aprovechado por Rusia, que espera la división de los europeos y la OTAN para avanzar en sus propios intereses en Ucrania. La situación en Groenlandia no solo es un tema de interés territorial, sino que también representa un desafío significativo para la cohesión y la eficacia de la OTAN en un mundo cada vez más polarizado.
