La situación en Somalia se ha vuelto crítica, con la ONU advirtiendo que la sequía en el país está amenazando la vida de aproximadamente 4,4 millones de personas. Esta crisis humanitaria se ha intensificado debido a una combinación de factores, incluyendo la guerra, los desplazamientos forzados y una sequía recurrente que ha resultado en cuatro temporadas de lluvias fallidas. En localidades como Baidoa, la presencia de pulseritas de plástico para medir el grosor de los brazos de los niños se ha convertido en un símbolo de la desesperación y la esperanza. Estas pulseritas indican que hay médicos atendiendo a los más vulnerables, pero también reflejan la gravedad de la situación, donde cerca de dos millones de niños menores de cinco años podrían sufrir desnutrición aguda para mediados de 2026.
El pasado 10 de noviembre, el Gobierno Federal de Somalia declaró formalmente la emergencia por sequía y solicitó ayuda internacional urgente. Raquel González, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) España, ha señalado que los recortes en la financiación han llevado a una disminución en el suministro y distribución de leche terapéutica, vital para prevenir la desnutrición grave en los niños. En el servicio de nutrición en la región de Mudug, el número de hospitalizados ha aumentado drásticamente, pasando de 700 en 2024 a 1.700 en 2025. En el hospital regional de Baidoa, los casos han aumentado de 8.700 a 12.600 en el mismo período. La preocupación es creciente, especialmente con la inminente renovación de la ayuda del Reino Unido a la sanidad somalí, que podría ser crucial para mitigar esta crisis.
La reducción de fondos ha tenido un efecto dominó en la ayuda humanitaria. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha limitado su asistencia a 350.000 personas, a pesar de que hay 3,9 millones de personas que necesitan ayuda. La situación se ha vuelto aún más alarmante tras el cierre de USAID, la agencia de ayuda humanitaria estadounidense, y los recortes de otros países como Francia y Alemania. Paco Rey, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, ha descrito 2025 como un año traumático para la cooperación y la ayuda humanitaria, con una reducción del 34% en la financiación respecto a los niveles récord de 2023.
La crisis no solo se limita a Somalia. En Sudán del Sur, el personal sanitario ha dejado de recibir salarios, lo que ha llevado al cierre de servicios esenciales como maternidades y pediatrías. Este país ha enfrentado recientemente un brote de cólera, con 93.000 casos y 1.500 muertes, exacerbado por la falta de recursos y la fragilidad del sistema sanitario. La situación es desesperada, y los recortes en la financiación han obligado a cerrar centros de salud y servicios esenciales, como la distribución de agua, que son cruciales para evitar la propagación de enfermedades.
La respuesta de las ONG ha sido aplicar un enfoque de «hiperpriorización», que se centra en salvar vidas inmediatas en lugar de abordar las causas subyacentes de la crisis. Este enfoque, aunque necesario en el corto plazo, ignora la necesidad de soluciones sostenibles a largo plazo. Raquel González ha destacado que la reducción de fondos ha amenazado los avances en derechos sexuales y reproductivos, áreas que han sido históricamente apoyadas por Estados Unidos, que representaba el 40% de la financiación en estos programas.
A pesar de la grave situación, no parece haber un reemplazo adecuado para los grandes contribuyentes que han reducido su apoyo. Aunque China ha aumentado su contribución, la falta de transparencia en sus datos dificulta la evaluación de su impacto. España, por su parte, ha mantenido su nivel de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en 2024, pero ha reducido el componente humanitario, en parte debido al aumento inicial de la ayuda a Ucrania. La IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de Naciones Unidas, celebrada en Sevilla, fue un evento deslucido, con poca participación de líderes mundiales, lo que refleja la creciente preocupación por el gasto en defensa en lugar de la ayuda humanitaria.
Las organizaciones humanitarias advierten que la reducción de la ayuda no solo se traduce en cifras, sino que tiene un impacto directo en la vida de las personas más vulnerables. La crisis en Somalia y Sudán del Sur es un claro recordatorio de que la ayuda humanitaria es esencial para salvar vidas y que los recortes en este ámbito tienen consecuencias devastadoras. La comunidad internacional debe actuar con urgencia para abordar esta crisis y garantizar que se brinde la asistencia necesaria a quienes más lo necesitan.
