La comunidad científica de Canarias se encuentra de luto tras el fallecimiento de Roberto Moreno Díaz, un destacado investigador en cibernética, física e inteligencia artificial, quien dejó una huella imborrable en el desarrollo académico y científico del archipiélago. Nacido en Gáldar el 11 de septiembre de 1939, Moreno Díaz dedicó su vida a la investigación y la enseñanza, convirtiéndose en una figura clave en la introducción de los estudios de informática en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Su legado se extiende más allá de su carrera académica, abarcando también su pasión por la pintura, lo que lo convierte en un científico multidisciplinar.
**Una carrera marcada por la innovación y la excelencia**
Roberto Moreno Díaz se graduó en Física en 1962 y obtuvo su doctorado en 1965 en la Universidad Complutense de Madrid. Desde sus inicios, mostró un interés particular por los modelos electrónicos de neuronas y las redes neuronales lógicas, anticipándose a disciplinas que hoy son fundamentales en la inteligencia artificial moderna. Entre 1965 y 1968, Moreno Díaz trabajó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde se unió al Charles Stark Draper Laboratory. Allí, tuvo la oportunidad de colaborar con Warren S. McCulloch, uno de los pioneros de la cibernética, en investigaciones sobre procesos visuales tanto naturales como artificiales.
Su regreso a España en 1968 marcó el inicio de una nueva etapa en su carrera. Moreno Díaz asumió la cátedra de Electrónica en la Universidad de Zaragoza, donde también ocupó cargos como decano y vicerrector. Sin embargo, su deseo de contribuir al desarrollo de su tierra natal lo llevó a trasladarse a Las Palmas de Gran Canaria en 1979. En la ULPGC, desempeñó un papel fundamental en la creación de la universidad y en la fundación de grupos de investigación en áreas como la cibernética, las redes neuronales, la percepción natural y artificial, la neurocibernética y la visión robótica. Gracias a su esfuerzo, la ULPGC se convirtió en un referente científico en estas disciplinas.
Durante su carrera, Moreno Díaz no solo se dedicó a la investigación, sino que también fue un apasionado educador. Hasta su jubilación en 2009, impartió la asignatura de Biocibernética Computacional, formando a nuevas generaciones de científicos y profesionales en el campo de la informática y la cibernética.
**Reconocimientos y contribuciones a la ciencia**
A lo largo de su trayectoria, Roberto Moreno Díaz fue autor o coautor de más de 120 trabajos científicos, lo que refleja su intensa actividad investigadora y su compromiso con la cooperación internacional. Colaboró con universidades y centros de investigación en países como Francia, Austria, Dinamarca, Portugal y Estados Unidos, lo que le permitió establecer una red de contactos y contribuir al avance del conocimiento en su campo.
Su labor fue reconocida con múltiples distinciones. Desde 1981, fue Académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y, en 1987, fundó y se convirtió en vicepresidente de la Academia Canaria de Ciencias. Además, desde 1999, contaba con todos los tramos de reconocimiento investigador otorgados por el Ministerio de Educación y Ciencia. Entre sus premios más destacados se encuentran el Premio Canarias de Investigación en 1985, el título de Hijo Predilecto de Gáldar en 1988 y el Can de Plata al Mérito Científico del Cabildo de Gran Canaria. En 2015, fue nombrado Honorary Professor por la Universidad de Budapest y, en 2018, ingresó como miembro académico de la Academia Internacional de Sistemas y Ciencias Cibernéticas.
El impacto de su trabajo no se limitó al ámbito académico. En 1989, se estableció la Escuela Roberto Moreno Díaz en Gáldar, adscrita a la ULPGC, como un homenaje a su contribución a la educación y la ciencia en Canarias. Además, su trayectoria inspiró una obra teatral en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología en 2018, en el marco del proyecto «Canarios en la Ciencia».
Roberto Moreno Díaz fue un pionero que no solo impulsó el desarrollo de la informática y la cibernética en Canarias, sino que también dejó un legado que trasciende generaciones. Su compromiso con la educación, la investigación y la promoción del talento canario ha dejado una marca indeleble en la comunidad científica y educativa del archipiélago. Su fallecimiento representa una gran pérdida para la universidad y para todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo y aprender de su vasta experiencia y sabiduría.
