La Consejería de Política Territorial, Sostenibilidad y Seguridad del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Protección a la Naturaleza, ha emprendido diferentes actuaciones en el sur de la isla de Tenerife para preservar la planta endémica denominada comúnmente como piña de mar, que se encuentra actualmente en peligro de extinción.

Durante el pasado año y los primeros meses de este 2019, la Consejería ha restituido los vallados de protección en los núcleos poblacionales de Granadilla de Abona y Arico; ya que los que fueron instalados en el año 2008, en el marco del plan de recuperación de esta especie, estaban en muy mal estado por las condiciones climáticas propias de estas zonas costeras, donde la alta insolación, las elevadas temperaturas y la salinidad constante provocaron que perdieran por completo la finalidad para la que fueron diseñados.

El objetivo principal de esta acción, cofinanciada con fondos Feder, es el de mitigar una de las principales amenazas que afecta a las poblaciones de la piña de mar, que es la herbivoría, causada, fundamentalmente, por el ataque de conejos. Además, gracias a la colaboración del Polígono Industrial de Granadilla y del Cabildo de Tenerife, también se están acometiendo trabajos para restringir el tráfico rodado en la playa del Vidrio, fuera de las zonas habilitadas para ello, con el fin de evitar que el tránsito de los vehículos afecte a esta especie.

Evaluación de los vallados en zonas costeras

De forma paralela, la Consejería de Política Territorial adquirió el año pasado un compromiso con el Ministerio para la Transición Ecológica, para analizar la eficacia de los diferentes tipos de materiales utilizados en la instalación de vallados en zonas costeras, con el fin de chequear la resistencia y eficacia de los mismos, así como para establecer la velocidad de degradación de cada uno de ellos.

Los resultados de este seguimiento, también cofinanciado con fondos Feder, se exportarán a todo el territorio estatal donde se localicen especies amenazadas costeras, lo que permitirá ahorrar costes y mejorar la gestión de los planes de recuperación de esta planta, cuyo nombre científico es Atractylis preauxiana.

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