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Hay una Canarias que crece y otra que se estanca.

Mientras las islas capitalinas y las orientales no han dejado de sumar población desde que empezó el siglo, los territorios más occidentales, las llamadas islas verdes, ven cómo sus cifras de habitantes retroceden o, si acaso, permanecen estables.

El desequilibrio demográfico va asociado a una descompensación económica. La Palma, La Gomera y El Hierro se benefician solo tangencialmente del motor económico del Archipiélago, el turismo; registran peores cifras de empleo y de paro y experimentan problemas para retener población, en especial la más joven, que opta por hacer las maletas en busca de mejores horizontes laborales.

Debemos evitar seguir profundizando en esa Canarias que avanza a dos velocidades. De hecho, estamos obligados a revertir la situación.

Las islas verdes tienen derecho a disfrutar de oportunidades de desarrollo y progreso sin que ello implique un perjuicio de sus valores naturales y medioambientales, que constituyen su mejor patrimonio y su mayor atractivo.

El proyecto del puerto de Fonsalía se presenta como una vía para corregir ese desequilibrio. Una instalación de esas características mejoraría la conectividad de La Palma, La Gomera y El Hierro y permitiría activar tanto el flujo de pasajeros como el de mercancías, requisito para impulsar la competitividad de las tres islas y para favorecer que participen en mayor medida en la actividad económica del Archipiélago. No solo estos territorios se verán beneficiados por los efectos de poner en marcha la infraestructura y convertirla en el gran puerto de la provincia. A todos nos conviene una comunidad autónoma más integrada y cohesionada social, económica y geográficamente.

Tenerife, sin ir más lejos, tiene en el puerto de Fonsalía una alternativa para solucionar la enorme congestión que padece el puerto de Los Cristianos, que se ha quedado pequeño para el tráfico marítimo que en él se mueve, más intenso aún desde que entró en vigor la ampliación del descuento para los viajes entre islas de los residentes en Canarias.

Los accesos a Los Cristianos sufren un permanente colapso y las operaciones de las navieras se vuelven cada vez más complicadas, una situación que, de nuevo, sufren de forma mayoritaria los ciudadanos que viven en las islas más occidentales. Aliviar la presión que sufre el puerto aronero abre una puerta, asimismo, para recuperar la bahía en la que se ubica, una de las más hermosas de la Isla y que podría ser el emplazamiento ideal para un puerto deportivo. Al mismo tiempo, el proyecto de Fonsalía contribuiría a un mayor equilibrio económico dentro de la Isla.

Todos -sector privado e instituciones públicas- coincidimos en que la puesta en funcionamiento del puerto solo traería beneficios y representaría una oportunidad crucial para un desarrollo económico que no deje fuera a los habitantes de ningún territorio. Se dan, además, las condiciones idóneas para materializar la infraestructura: los accesos están ya ejecutados y parece existir voluntad de acuerdo entre las administraciones para que pudiera ser el Estado el que se encargue de llevarlo a cabo si fuera preciso. Y, sin embargo, han pasado cerca de 25 años y el proyecto sigue siendo solo eso, un proyecto. Como ha ocurrido con otras iniciativas necesarias y deseadas, no deja de encontrar obstáculos en el camino; el último de ellos, el informe desfavorable de la Dirección General de Costas a la adscripción del dominio público marítimo terrestre.

El camino para salir de este bloqueo ha de ser, como cada vez que se plantea una encrucijada de esta índole, el de la coordinación, el diálogo y el trabajo conjunto. Es necesario ser exigentes y demostrar resolución, pero no podemos perder el tiempo en reproches ni en achacar culpas. Cualquier esfuerzo que no vaya dirigido a desatascar la situación con la mayor agilidad posible será un esfuerzo baldío. Sí, el puerto de Fonsalía constituye una gran oportunidad para la provincia de Santa Cruz de Tenerife y, por extensión, para Canarias. No corramos el riesgo de ser recordados como los responsables de malograrla.

Presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de Santa Cruz de Tenerife

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