La detección precoz del glaucoma a través de las revisiones oftalmológicas periódicas se convierte en el principal aliado para hacer frente a esta patología y evitar la ceguera, afirma la oftalmóloga de Hospital Parque Mariel Sánchez. En este sentido, recuerda que está considerada la segunda causa de ceguera en el mundo y solamente se puede frenar su evolución sj se detecta en fases iniciales.

Coincidiendo con la celebración, hoy lunes, del Día Mundial del Glaucoma, Mariel Sánchez explica que el glaucoma engloba a un grupo de enfermedades que provoca un daño progresivo del nervio óptico, responsable de la visión. Por ello, insiste, si no se trata a tiempo, pueden provocar ceguera.

Destaca que uno de los riesgos de esta patología se centra en que en muchas ocasiones no va asociada a ningún síntoma hasta que se alcanza un nivel perceptible de pérdida de visión permanente.

En otras ocasiones, añade, puede ir acompañada de síntomas repentinos como visión borrosa, visualización de halos rodeando las luces, dolor intenso del ojo, náuseas y vómitos.

Aunque su aparición se puede producir a cualquier edad, su incidencia crece con el paso de los años y a partir de los 50 años afecta al 2,1% de la población, mientras que a partir de los 70 alcanza el 3,5%.

La oftalmóloga de Hospital Parque explica que su presencia está vinculada también a otros factores de riesgo, como la diabetes, la presión intraocular alta, antecedentes familiares de la enfermedad, miopía elevada, hipertensión arterial, así como haber sufrido traumatismo en el ojo o recibir medicación con corticoides.

La aparición del glaucoma se produce como consecuencia de que el paciente tiene dificultades para que el humor acuoso, que es el líquido transparente que baña las estructuras oculares, salga del espacio que lo contiene. Esto provoca un aumento de la presión intraocular y, a su vez, daña el nervio óptico.

Sin embargo, matiza Mariel Sánchez, en otras ocasiones el nervio óptico se deteriora pese a tener una presión ocular normal. En estos caso, apunta, la patología se asocia a otro factores, como una presión arterial baja y otras enfermedades vasculares.

Diagnóstico y tratamiento

La detección del glaucoma se realiza mediante la medición de la presión intraocular, teniendo en cuenta a su vez el grosor de córnea del paciente .

Otra de las pruebas se centra en la gonioscopia, que permite realizar un análisis del ángulo camerular, que es el lugar anatómico por donde debe drenar el líquido que produce el ojo y que es, además, la causa del exceso de la presión intraocular. Esta técnica permite además valorar si se trata de un glaucoma de ángulo abierto o cerrado.

La evaluación directa del nervio óptico, mediante la dilatación de la pupila, a través de una oftalmoscopia, es otra de las pruebas diagnóstica se llevan a cabo, así como la campimetría, que evalúa el campo visual de cada ojo.

La estéreo fotografía es otra de las técnicas utilizadas por el especialista para evaluar el aspecto del nervio óptico y ver su progresión.

El tratamiento del glaucoma se lleva a cabo mediante el control con gotas oftálmicas dirigida a reducir la presión en el ojo, apunta Mariel Sánchez.

En el caso de que esto no resulte suficiente, se recurre a la cirugía láser para ayudar a que el humor acuoso se drene del ojo o a la microcirugía con el fin de crear un nuevo orificio de drenaje para que el humor acuoso pueda abandonar el ojo.