"Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos". La frase no es de un filósofo, ni un sabio, ni un científico. O a lo mejor sí. Es de una jovencísima activista sueca, de dieciséis años, llamada Greta Thunberg que está encabezando la lucha de la juventud contra el cambio climático y contra una sociedad que expolia y devasta los recursos del planeta, que contamina la naturaleza y que va a dejarles en herencia un mundo mucho peor. Ante esa realidad se ha levantado una creciente contestación de esos jóvenes que no están dispuestos a tolerarlo.

España, como muchos otros países, tiene una creciente deuda pública que ya supera el billón ciento setenta y cinco mil millones de euros. Pero lo que es peor, seguimos acumulando deuda. Para pagar las necesidades de hoy no hemos elegido la vía difícil de reducir el gasto en unas cosas y dedicar esos recursos a otras áreas más importantes; hemos escogido el camino del crédito. En unos pocos años hemos llegado a duplicar lo que debemos. Estamos hipotecando el futuro no solo de nuestros hijos, sino de nuestros nietos, que están condenados a pagar lo que nosotros estamos gastando hoy como si no hubiera un mañana.

Esa es la misma mentalidad con la que hemos venido funcionando hasta hace muy poco en el terreno del impacto de nuestras actividades en el Medio Ambiente. Los jóvenes europeos llevan tiempo avisando: no van a esperar de brazos cruzados a que el cambio climático acabe con su futuro. Ante lo que consideran una insoportable pasividad de los gobiernos y de sus mayores, han dado un paso decisivo transformando una corriente de opinión en un movimiento que ha salido a las calles en defensa de políticas reales y efectivas que den respuesta al deterioro progresivo de nuestro planeta. Científicos del todo el mundo han lanzado una alerta sobre la situación del planeta: el calentamiento global es ya una realidad. Es posible que incluso hayamos pasado el punto en que podamos evitarlo, pero tenemos que intentarlo con todas nuestras fuerzas.

Los estudiantes se han unido a un movimiento convocado y liderado por la activista sueca Greta Thunberg. Esta jovencísima ecologista ha lanzado la iniciativa de los Fridays For Future (FFF), el movimiento internacional que en España convocó a los estudiantes españoles frente al Congreso de los Diputados el pasado primero de marzo y este pasado viernes, que fue el día elegido para reclamar a sus gobiernos un compromiso real contra el cambio climático. Como reza en el manifiesto del movimiento en nuestro país, "es el momento de traer esta ola de esperanza a España para que se pongan en marcha urgentemente políticas que cuiden de las personas y del planeta".

Un mítico presidente norteamericano, John Fitzgerald Kennedy hizo popular una frase escrita por Theodore Sorensen : "no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país". Y es el momento en que todos debemos preguntarnos qué estamos haciendo por nuestro mundo y por nuestra isla. Qué estamos haciendo para hacerlo un lugar mejor para vivir.

En el Cabildo de Tenerife defendemos una política muy clara: tenemos que legar a nuestros hijos una isla mejor que la que nos encontramos. Eso, en términos prácticos, significa comprometernos por la mejora del medio natural, por la protección de nuestros valores paisajísticos, por la reforestación, por la regeneración de zonas deterioradas o maltratadas, por el aprovechamiento a través del reciclaje de nuestros residuos. Significa aumentar la cantidad de energía que obtenemos de fuentes renovables y no contaminantes que en esta isla son abundantes y prácticamente ilimitadas, promoviendo además sistemas de acumulación: energías producidas por el viento, el sol, el calor o la fuerza del mar. Significa optimizar el uso del suelo en relación con su aprovechamiento social y económico, incluyendo repensar el modelo de movilidad de la Isla, saturada por tanto vehículo mayoritariamente propulsados por motores contaminantes.

Significa un compromiso global en todos los campos y todas las actuaciones, desde la depuración de los vertidos de aguas residuales hasta la defensa de nuestros espacios protegidos, para que el Tenerife de mañana sea aún mejor que el de hoy. ¿Es suficiente? Es el principio de un camino de supervivencia.

El presidente de los hoteleros tinerfeños, Jorge Marichal, advertía esta semana que los turistas nórdicos empiezan a preocuparse por la huella de carbono que generan sus vacaciones. "Debemos tomárnoslo en serio", aseguraba el empresario. Tiene toda la razón. La huella de la actividad turística en nuestra isla tiene que ser la mínima posible. Como la del resto de las actividades económicas que necesitamos para prosperar. Es algo que debemos hacer por simple egoísmo: si queremos vivir mejor necesitamos un planeta mejor. Y si queremos una isla mejor tenemos que trabajar por ella. Todos y cada uno de nosotros. Porque todos, desde las instituciones a las personas, podemos hacer algo que es mucho para cambiar las cosas y dejar de robar el futuro a nuestros descendientes.

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