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Mientras siga existiendo una fractura social tan profunda como la que separa las condiciones de vida en las que se vive entre Europa y África, los movimientos migratorios seguirán siendo imparables. La presión migratoria proveniente del norte del continente africano, la han vivido -y la seguirán viviendo- los territorios europeos fronterizos. Entre ellos, Canarias.

La experiencia histórica nos dice que cuando las mafias que trafican con las personas dirigen su objetivo a un determinado territorio saltan en el mismo todas las alarmas sociales, humanitarias y económicas; además, se genera una sensación de impotencia a la hora de tener que afrontar una situación -con seres humanos en situaciones extremas- que desborda los recursos locales de acogida, educativos, sanitarios y sociales de los que se dispone. Por su situación geográfica, Samos, Tarifa, Malta, Lampedusa y nuestro Archipiélago han vivido y conviven con esa realidad.

Las organizaciones mafiosas que trafican con norafricanos y subsaharianos -especialmente con menores no acompañados- han vuelto a dirigir su objetivo a Canarias. El Cabildo de Lanzarote ha declarado la emergencia humanitaria y sanitaria porque la capacidad de acogida que tiene la Isla ha sido ampliamente superada. Mientras las autoridades locales adoptan medidas excepcionales para albergar inmigrantes en centros de ocio y deportivos, el Ministerio de Defensa no autoriza el uso de los cuarteles. También Fuerteventura está en el límite de su capacidad de acogida. No hay capacidad sufiiciente para responder a una realidad que hemos vivido en años más o menos recientes.

Desde que el 28 de agosto de 1994 llegó a Salinas del Carmen (Fuerteventura) la primera patera que se tiene documentada, procedente de Tarfaya (EL Aiún), con dos veinteañeros saharauis abordo, la inmigración procedente de África hacia Canarias ha tenido un comportamiento discontinuo. Hemos vivido momentos de gran preocupación y tensión al vernos literalmente superados por la dimensión de la tragedia humanitaria, y periodos de calma que han dado la sensación de que habíamos dejado de ser un destino atractivo para las mafias. En este orden de cosas, se da una llamativa coincidencia histórica de la mayor o menor presión migratoria hacia la Islas con la mayor o menor intensidad de las relaciones entre España y Marruecos. Cuánto más amistosa y fraternal es la relación entre los dos Reinos menos pateras llegan.

La medida que se ha evidenciado como más efectiva para evitar las tragedias en el mar y el trafico mafioso de personas es la del control en origen. Cuando se ha optado solo por medidas policiales y represivas éstas han sido superadas. Cuando el diálogo, la cooperación y el entendimiento han operado en origen, el éxito ha sido notable.

Llama poderosamente la atención que con la situación de alta tensión que se ha empezado a revivir, fundamentalmente en Lanzarote y Fuerteventura, el nuevo Gobierno de España no haya priorizando la relación con Marruecos en la amplia agenda de contactos internacionales que esta manteniendo. Historicamente, el primer contacto internacional del presidente del Gobierno de España de turno ha sido al vecino Reino de Marruecos. En apenas cuatro meses, Sánchez ha tenido tiempo de desplegar un amplísima agenda internacional que le ha llevado incluso al otro lado del Atlantico para visitar Chile, Colombia, Bolivia y Costa Rica, pero le ha faltado el tiempo para atravesar el estrecho de Gibraltar y profundizar en las estratégicas relaciones con Marruecos. Incomprensible. Las consecuencias las hemos empezado a pagar los canarios.

La limitada capacidad de acogida que tiene Canarias no permite abordar la inmigración que nos llega a través del mar -especialmente la de menores no acompañados- solo con medidas de acogida e integración. Tampoco solo con medidas policiales que pongan en peligro la vida de los que buscan una oportunidad en un cayuco, en una balsa o en una patera. La cooperación, la ayuda, la solidaridad y el entendimiento con los países de origen es la mejor medicina para combatir a la mafias y evitar más tragedias en el mar.

El Gobierno de España estaría cometiendo una gran irresponsabilidad si no despliega toda la artillería diplomática para alcanzar un entendimiento con Marruecos. Un acuerdo, que lo sea y que lo parezca