El pasado domingo, 30 de septiembre, los periódicos La Provincia y La Opinión compartían un editorial del cual extraigo textualmente algunos de los párrafos que más me llamaron la atención:

“La actitud de Fomento respecto al convenio de carreteras y de Hacienda sobre el superávit canario abre una brecha en las relaciones de Canarias y el Estado y ejemplifica el histórico DESDÉN, cuando no DESPRECIO, que desde sectores de la maquinaria de la administración central se mantiene hacia los derechos y las singularidades del Archipiélago”.

El editorialista continua: “Las relaciones entre Canarias y el Estado vuelven a entrar en alarmante crisis. Desde el cambio de Gobierno en Madrid y la llegada del socialista Pedro Sánchez a la Moncloa tras la moción de censura que acabó con el ejecutivo del PP hace ya tres meses y desde el vuelco en la correlación de fuerzas en el Congreso como consecuencia de ello, con la pérdida de peso de CC y NC en el Congreso, el idilio de los tres últimos años entre ambas administraciones se ha disuelto como un azucarillo”

En los párrafos anteriores, se resume la actitud histórica del Gobierno de España -de distinto color, da igual- con Canarias. Si necesitan los votos de los canarios para gobernar, entienden perfectamente nuestros problemas y las dificultades que entraña vivir en un territorio alejado del continente, fragmentado entre si y que tiene unas bazas en su clima, su naturaleza y su gente. Cuando no necesitan los votos canarios, aflora el DESDÉN, el DESPRECIO, y yo añadiría el complejo de superioridad y el consiguiente trato colonial.

Esta actitud soberbia y prepotente, que se repite cada vez que las matemáticas parlamentarias dejan sin capacidad de influencia a los representantes de las Islas en el Parlamento español, es constante siendo indiferente a qué partido o persona gobierne en Madrid;. Se ha dado con gobiernos del PSOE presididos por Felipe Gonzalez, Zapatero o Pedro Sánchez y se ha repetido con gobiernos del PP que han tenido al frente a Aznar o a Mariano Rajoy.

A lo largo de estas últimas décadas hemos visto como el Gobierno español de turno ninguneaba a los representantes institucionales del Archipiélago o los agasagaba y lisonjeaba en palacio: la necesidad de los votos ha marcado la actitud. Hemos visto como tuvimos que recurrir a la Unión Europea cuando las mafias traficaban con menores no acompañados que desbordaban nuestras capacidades de acogida -con el Gobierno español mirando para otro lugar-, o cuando, con el mismo Gobierno, se celebraban Consejos de Ministros en nuestra tierra. La necesidad o no de los votos canarios les ha hecho siempre comprender o no nuestros problemas.

Hemos vivido como en plena crisis económica el Gobierno de aquel momento en Madrid -con mayoría absoluta- maltrataba a las Islas, provocando un conflicto institucional en el que tuvo que intervenir la máxima institución del Estado (para que el presidente español encontrara un hueco en su agenda y escuchara las demanda canarias); y como ese mismo Gobierno en otras circunstancia parlamentarias, necesitando UN VOTO canario, extendió la mantelería de Moncloa para agasajar a la representación canaria y posteriormente tener tiempo para venir a las islas y plasmar en público su compromiso con nuestra tierra.

El futuro de Canarias no puede depender de las matemáticas parlamentarias en Madrid. Igual que Europa reconoce nuestra singularidad y con arreglo a la misma articula medidas legislativas y económicas diferenciadas a las que se aplican en el continente, España debe de hacer -con generosidad y sin miopías- lo mismo. Resulta llamativo que ningún partido español discuta la singularidad de Canarias en Europa y sin embargo no terminan de aceptar que somos un pueblo y una tierra diferente dentro de España. La fuerza que podamos tener para defender nuestras singularidades como Pueblo en el contexto del Estado será proporcional a la capacidad de influencia que tengamos en Madrid. Los hechos demuestran que Canarias pesa cuando los nacionalistas canarios pesan en Madrid. Incluso quienes no votan a las fuerzas nacioalistas de las Islas así lo reconocen. Hace falta más presencia nacionalista en Madrid. Hace falta más Canarias.