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El relator, que nunca llegará a tener nombre y apellidos, ha sido la punta del iceberg para dar carpetazo a unas complicadas relaciones entre el Gobierno y la Generalitat de Cataluña que han quedado congeladas.

La consecuencia en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado puede ser directa y fatal si los independentistas mantienen sus enmiendas a la totalidad.

Este viernes se rompía la baraja entre dos Gobiernos- el español y el catalán- que se acusan mutuamente de cerrar la vía del diálogo para dar solución al conflicto en Cataluña. Los soberanistas insisten en incluir en la mesa el derecho de autodeterminación en Cataluña y el Gobierno de Pedro Sánchez no contempla esa opción y lo marca como línea roja innegociable: "Este Gobierno no aceptará nunca un referéndum de autodeterminación", decía la vicepresidenta Carmen Calvo en rueda de prensa y el propio presidente, vía Twitter.

La respuesta del Govern: "El Gobierno no ha resistido las presiones del nacionalismo español de derecha y extrema derecha".

La tormenta política, que no cesará en los próximos días, se iniciaba el martes con la propuesta del citado relator para la mesa de partidos catalanes, rebajado a simple secretario para el Gobierno y elevado a negociador para los soberanistas, que no ha convencido ni a los independendistas, ni a los partidos de la oposición ni a determinados sectores del PSOE, con críticas más que duras al Ejecutivo socialista.

Con las negociaciones "encalladas", PDeCAT y ERC deberán optar por retirar las enmiedas a la totalidad al proyecto de Presupuestos para 2019, lo que daría algo de oxígeno al Gobierno de Sánchez hasta la votación final de abril; o ir adelante con ellas lo que supone la no tramitación de los presupuestos y el casi seguro adelanto electoral, según reconoce el propio Gobierno.

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