El jugador español Dujshebaev.

La selección española de balonmano, vigente subcampeona continental, afronta el Europeo que arrancará este viernes en Croacia con el objetivo de volver a subir a un podio del que no se ha bajado en las dos últimas ediciones.

Algo que no pudo repetir el pasado año en el debut de Jordi Ribera al frente del equipo español, al concluir en quinta posición en el Mundial disputado en Francia, tras caer ante Croacia en los cuartos de final por tan solo un gol de diferencia (29-30).

Un amargo resultado del que la selección tratará de resarcirse en Croacia redoblando su apuesta por un rico juego combinativo, que convierte al equipo español en una excepción dentro de un balonmano en el que cada día tiene mayor preponderancia el factor físico. "Creo que tenemos mucha variedad en el juego de ataque, no somos un equipo que haga dos o tres acciones de juego y no salga de ahí, somos un equipo que genera muchas situaciones distintas de juego", señaló el seleccionador Jordi Ribera.

Variedad ofensiva que se sustenta en la riqueza táctica y la polivalencia de un grupo de jugadores, que desprovistos de un poderoso lanzamiento exterior, parecen empeñados en hacer de la carencia una virtud, trazando un camino propio al margen de las tendencias actuales.