Posado del equipo español antes de disputar el partido de octavos ante Rusia.

El Mundial de Rusia 2018 ha llegado a su fin con Francia ejerciendo de nueva 'reina' del fútbol y con una Croacia que se ha quedado a las puertas de hacer historia, tras competir en la final con mucha dignidad. Un día antes, Bélgica se impuso a Inglaterra en el partido de 'consolación'.

En esta ecuación podría haber estado España, pero se ha tenido que conformar con el premio al 'juego limpio' de la FIFA, menos es nada. Aquel minuto frenético y simultáneo que se dio en los últimos partidos del grupo B, donde estaba encuadrado el equipo español y donde el VAR hizo su aparición tanto en el España - Marruecos como en el Portugal - Irán.

Ese minuto decidió que la Roja pasará como primera de grupo, después de ir gran parte de los dos partidos que se disputaban de manera simultánea como segunda. La diferencia de ser primera o no allanaba en mayor o menor medida el camino a la final.

A pesar de que el por entonces combinado dirigido por Fernando Hierro no había ofrecido una gran imagen, el pase a octavos por el lado 'fácil' del cuadro hizo soñar a todo el país con un nuevo intento de asalto al Mundial, tras el conquistado hace ocho años en Sudáfrica.

El rival de octavos ya no iba a ser la temida Uruguay, sino que enfrente estaba la anfitriona, una selección rusa que llegaba como el rival más débil de los 16 clasificados de la fase de grupos. Un día antes de que España se midiese a Rusia, la Portugal de Cristiano se despedía del Mundial después de perder ante los charrúas, gracias a dos golazos de Cavani.

Lo que pudo ser y no fue

La Roja miraba de reojo el cuadro tan complicado que había esquivado, pues después de Uruguay, hubiese llegado Francia, verduga de los sudamericanos en cuartos de final. La gran cita llegó y la anfitriona llegaba con mucha ilusión y pocas posibilidades ante un combinado español que aparecía como el gran favorito del duelo que se iba a desatar en Moscú.

Pero el fútbol no son matemáticas y los rusos aguantaron como pudieron ante una España que mostró su peor cara en el momento menos oportuno, en una línea desdecendente que confirmó su eliminación esa tarde del 1 de julio en la tanda de penaltis. Del esperanzador empate ante Portugal, donde solo el error de De Gea evitó la victoria, al sufrido triunfo ante Irán y el empate de última hora ante Marruecos.

Y todo aderezado con un preludio rocambolesco, tras la destitución de Lopetegui dos días antes de comenzar el Mundial. Una dura y tajante decisión tomada por el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, al que no le tembló la mano después del anuncio sorpresa del fichaje del vasco para dirigir el banquillo del Real Madrid.

Ese 'Do de pecho' que dio el equipo ante el rival más complicado del grupo solo fue un espejismo y se consolidó a la baja en los dos siguientes encuentros, hasta la dura eliminación en octavos de final ante Rusia y ahí se acabó el sueño de llegar a la final y eso que el camino se antojaba dorado.

En un hipotético pase a cuartos hubiese esperado Croacia, un rival asequible a pesar de haber sido uno de los finalistas del Mundial. La selección de los rombos sufrió y mucho para acabar con los anfitriones, sería de nuevo en la suerte de los penaltis. En ese lado del cuadro también esperaba Inglaterra, que se quedó sin final por vender la piel del oso antes de cazarla ante los Modric, Rakitic y compañía.

España, de haber sido esa selección que mostró muy buen nivel en los meses previos al Mundial, pudo aprovechar ese 'puente de plata' para haber disputado una final de ensueño ante Francia, pero los sueños... sueños son.