Rafa Nadal afrontará a partir de este lunes los octavos de final de Wimbledon con la tranquilidad de saber que mantendrá el número uno del ranking mundial pase lo que pase en el torneo. Pero primero se tomará, al igual que todos, el tradicional descanso del primer domingo en el Grand Slam londinense.

La clasificación no se actualizará hasta el lunes 16, pero el español ya sabe que seguirá siendo el líder gracias al sistema de defensa de puntos: ha alcanzado la misma fase que en Wimbledon 2017 y Roger Federer, su más inmediato seguidor, defiende título y puntos, por lo que tiene más que perder que ganar.

Un problema menos para el de Manacor, que sin embargo afronta esta segunda semana en el All England Lawn Tennis Club con la esperanza de sacarse la 'espina' de las últimas ediciones, donde no ha tenido precisamente la mejor de las suertes.

No es un secreto que la hierba no es su superficie favorita y él mismo dijo tras ganar en primera ronda a Dudi Sela: "En Wimbledon, cada día es una aventura; para jugar bien necesito horas de partido".

En octavos le espera el checo Jiri Vesely, número 93 del mundo y a priori siguiente víctima. Pero también lo parecía el luxemburgués Gilles Müller el año pasado y acabó dando la sorpresa del torneo.

Nadal, bicampeón de Wimbledon, lleva desde la final de 2011 -que perdió frente a Djokovic- sin rendir a su mejor nivel en la hierba de Londres.

En 2012 perdió contra otro checo, Lukas Rosol; al año siguiente fue el belga Steve Darcis el que le hizo caer a las primeras de cambio; en 2014 fue el australiano Nick Kyrgios, que saltó a la fama gracias a esta victoria accediendo con una 'wild card'.

Un alemán de peinado 'rastafari', Dustin Brown, le apeó en segunda ronda de 2015 y al año siguiente declinó competir por problemas físicos. Regresó en 2017 con la mencionada derrota ante Müller, después de un épico duelo a cinco sets que decició el potente saque del luxemburgués.